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María Luisa Bombal

BIOGRAFÍA 

María Luisa Bombal Anthes nació en Viña del Mar, Chile, el 8 de junio de 1910. Estudió en el Colegio de señoritas de los Sagrados Corazones y tras la muerte de su padre, viajó a París, donde finalizó sus estudios para luego ingresar a la Universidad de Sorbona. En 1931 regresó a Chile. Tras un desengaño sentimental viajó a Buenos Aires. En 1934 publicó su primera novela breve, La última niebla, le siguió La amortajada, con el cual ganó el Premio de la Novela de la Municipalidad de Santiago en 1938 y en 1940 el director Luis Saslavsky filmó la película argentina La casa del recuerdo, sobre un argumento de Bombal.

En 1941 viajó a Estados Unidos DONDE conoció al conde francés Rafael de Saint Phall, con el cual tuvo su hija, Brigitte. Escribió la novela The house of mist, Paramount Pictures le compró los derechos pero la película nunca llego a filmarse. Residió treinta años en Estados Unidos, y cuando enviudó regresó a Chile.
En 1974 obtuvo el Premio Ricardo Latcham. En 1976 fue condecorada con el Premio Academia Chilena de la Lengua y en 1978 ganó el Premio Joaquín Edwards Bello.
Sus últimos años los pasó en la casa de reposo de Héctor Pecht, constantemente el hospital afectada de crisis hepáticas. Falleció el 6 de mayo de 1980.

BIBLIOGRAFÍA
El árbol (1931)
La última niebla (1934)
La amortajada (1938)
Las islas nuevas (1939)
Mar, cielo y tierra (1940)
La historia de María Griselda (1946)
The house of mist (1947)
La maja y el ruiseñor (1960)

PREMIOS
Premio Ricardo Latcham 1974
Premio Academia Chilena de la Lengua 1976
Premio Joaquín Edwards Bello 1978

 *Semblanza extraída del sitio web escritores.org

En este pueblo hay otra antología

Señoras y señores, este año, en Escritores que nadie lee queremos (quiero) hacerles un regalo para que, en caso de que les falte lectura rica, tengan algo a la mano, algo bueno, bonito y gratis.

Les presento esta segunda antología del taller de los jueves, aka Círculo de escritura de Escritores que nadie lee. Concebimos este segundo volumen de textos como un pueblo mágico, una aldea del sureste de México con una característica muy especial: las direcciones son historias, las historias narran lo que ocurre al interior de cada casa.

Este pueblo está habitado por personajes entrañables, mañosos, metiches, nostálgicos, locos. Bienvenides a nuestra segunda antología, que lanzamos el primer día de posadas de este 2021 como regalo al lector que lee a los escritores que nadie lee (y que todos deberían leer).

¡Felices fiestas les desea su no tan humilde sitio web EQNL y los escritores que habitan y narran en el círculo de escritura!

Penélope Córdova

Descarga aquí En este pueblo…

Silvina Ocampo

Silvina Ocampo nació en Buenos Aires en 1903, en la casa de la calle Viamonte 550. Hija de Manuel Silvino Ocampo y Ramona Aguirre, una familia aristocrática boaerense. Desde pequeña estudió pintura y mostró inclinación por la poesía. En su juventud estudió dibujo en Paris con Giorgio de Chirico.

Gracias a la marcada tradición cultural de su familia y a la trayectoria de su hermana Victoria Ocampo, quien la vinculó al mundo literario gracias a la revista Sur que fundó y dirigió, Silvina tuvo la oportunidad de moverse con soltura en el mundo literario. En 1933 conoció a su marido, el escritor Adolfo Bioy Casares, con quien se casó en 1940 y tuvieron una única hija, Marta, en 1954. La revista Sur agrupó a este grupo de amigos íntimos y escritores de gran talento que marcó una época: Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Manuel Peyrou, Enrique Anderson Imbert…
Su irrupción en el panorama literario argentino vino de la mano de un libro de cuentos, Viaje olvidado (1937), que no presagiaba la calidad de la posterior narrativa de ficción. Silvina Ocampo apostó por la elevación de la literatura fantástica y policíaca a la categoría de géneros de primer orden. Silvina Ocampo fue una autora deslumbrante por la calidad literaria de sus cuentos, ha pasado a la historia de la literatura argentina del siglo XX por la crueldad desconcertante que supo imprimir en algunos protagonistas de estos relatos.

También realizó una extensa obra poética, en su primer libro de versos Enumeración de la patria se sumó a la tendencia de recuperar los modelos clásicos de la antigua poesía castellana.


BIBLIOGRAFÍA

Relato breve:

Viaje Olvidado 1937.
Autobiografía de Irene, 1948.
El pecado mortal, 1966.
Los días de la noche, 1970.
La furia, 1976.
Las invitadas, 1979.
El cofre volante, 1974.
El tobogán, 1975.
El caballo alado, 1976.
La naranja maravillosa, 1977.
Canto Escolar, 1979.
Y así sucesivamente, 1987.
Cornelia frente al espejo, 1988.                                                                       

Las reglas del secreto (antología),1991.
La casa de azúcar

Poesía:

Antología de la literatura fantástica, ,1940

Antología poética argentina, 1941.
Poemas de amor desesperado,1949.
Los nombres, 1953.                                                                                     

Espacios métricos, 1942.
Enumeración de la patria, 1942.
Los sonetos del jardín, 1946.
Lo amargo por dulce, 1962.                                                                                       

Amarillo celeste, 1972.
Árboles de Buenos Aires, 1979.
Breve Santoral, 1985.



PREMIOS

Premio Municipal 1954
Segundo Premio Nacional de Poesía 1953
Premio Nacional de Poesía 1962

*Semblanza extraida del sitio escritores.org

Fatema Mernissi

Fatema Mernissi (Fez, 1940-Rabat, 2015) fue una escritora marroquí muy comprometida con cambiar la imagen de la mujer en el Islam, convencida de que las Sagradas Escrituras habían sido malinterpretadas por hombres autoritarios que apoyan su misoginia con argumentos religiosos mal entendidos y explicados.

Esta pionera del feminismo musulmán nació en un harén y defendió los derechos de la mujer en el mundo árabe e islámico, convirtiéndose en todo un referente en el mundo musulmán. Afirmaba que el islam no está en contra del cuerpo y que Mahoma fue un hombre casado que disfrutaba de serlo.

Mernissi fue una intelectual muy comprometida con la sociedad y el tiempo en el que le tocó vivir. Fundó varias asociaciones que denunciaban el patriarcado en la sociedad musulmana. Todo ello le permitió ser digna merecedora del premio Príncipe de Asturias, que le fue otorgado en 2003.

Mantuvo hasta el final su actividad científica e intelectual, sin renunciar jamás a esa gran valentía que la llevó a tratar temas considerados tabúes sobre la interpretación del Corán y los libros de la tradición islámica.

Mernissi estudió Ciencias Políticas y fue becada por la Sorbona para realizar un doctorado en la Universidad de Brandeis (EEUU). Historiadora, ensayista, doctora en sociología y profesora en la Universidad Mohamed V de Rabat, fue una de las intelectuales marroquíes más conocidas en Europa, destacando por su defensa de los derechos de la mujer y por ser una autoridad mundial en estudios de El Corán.

En sus últimas entrevistas mostró un gran interés por la influencia de las nuevas tecnologías de la comunicación en el nacimiento de la sociedad civil en el mundo árabe y acuño esa idea de que «todos somos nómadas digitales«, rompiendo fronteras que a veces persisten en el múndo físico.

Publicó su primer libro Sexo, ideología e Islam en 1975. En 1987 salió a la luz otra de sus obras cumbre, el ensayo El harén político: el profeta y las mujeres, donde explicó cómo Mahoma se esforzó en ayudar a las mujeres y cómo fueron manipuladas sus palabras a lo largo de la historia.

En 1996 Mernissi publicó Sueños en el umbral: Memorias de una niña del harén, obra que ella misma llamaba «una falsa autobiografía».

Otras de sus obras destacadas fueron: Sultanas olvidadas [1990]; Marruecos a través de las mujeres [1991], que reune una serie de entrevistas a campesinas, videntes, obreras y sirvientas; y El hilo de Penélope [2004], donde nos muestra un Marruecos que avanza hacia la modernización, tanto tecnológica como social, sin olvidar sus costumbres ancestrales.

Otras obras suyas son: El miedo a la modernidad: islam y democracia [2007], obra en la que hace un penetrante análisis del nuevo orden mundial impuesto tras la Guerra del Golfo; Aixa y el hijo del rey o ¿quién puede más el hombre o la mujer? [1990], delicioso cuento popular marroquí en clave feminista; La mujer en la otra orilla; y El amor en el Islam [2008], disponible en formato de libro electrónico.

Mernissi defendió siempre un concepto humanista donde las mujeres tienen que asumir su papel luchando con la palabra, el arma principal para lograr la igualdad y hacer la revolución.

*Semblanza extraída del sitio web de Casa África

Madame Calderón de la Barca

Frances Erskine Inglis, mejor conocida como la Marquesa Calderón de la Barca, fue una escocesa, nacida en Edimburgo en 1806, de religión protestante, que se casó con Ángel Calderón de la Barca, quien fuera el Primer Ministro Plenipotenciario de España en el México independiente. Acompañando a su marido, la futura marquesa llegó a México en diciembre de 1839 y permaneció aquí hasta enero de 1842. Durante este tiempo, viajó por el país y escribió sus impresiones en una copiosa correspondencia a su familia, que vivía en Boston. De estas cartas, la autora escogió 54 de ellas para ser publicadas y así se formó el libro “La vida en México durante una residencia de dos años en ese país”, cuya primera edición se imprimió en Boston en 1843, con prefacio del historiador William H. Prescott. En La Vida en México se describe con minuciosidad hechos, personajes, modas, pasiones y costumbres del México de la época. También refleja los sentimientos e ideas, así como sus prejuicios, de la autora hacia México y su gente. Durante su estancia, la posición privilegiada de la marquesa le permitió conocer a las personalidades mexicanas de la época, como Antonio López de Santa Anna, Carlos María de Bustamante, Lucas Alamán, Manuel Payno y la célebre «Güera» Rodríguez. A su regreso a Estados Unidos, la señora Calderón de la Barca abandonó el protestantismo y se convirtió a la religión católica. Al quedar viuda se recluyó en un convento, del cual salió para dedicarse a servir a la Familia Real Española. En 1876, el monarca Alfonso XIII le otorgó el título de Marquesa Calderón de la Barca. Murió en Madrid en 1882.

*Semblanza extraída del sitio web de la mediateca del INAH

Al Coda · Gabriela Gutiérrez Almanzar

Gabriela Gutiérrez Almanzar (Mendoza, Argentina,  1991) creció en Yarumal y reside en Bogotá, Colombia. Es economista y magíster en economía de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. Pertenece a la novena generación del máster en Creación Literaria de la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona. Sus textos literarios han aparecido en Revista de Letras (Barcelona), Letralia (Venezuela), antologías de microrrelatos y en la antología Lletraferits publicada por Ediciones la Rana de Guanajuato.Lleva un blog de escritura automática para escribir cuando no se puede respirar: polidrupasempiterna.wordpress.com
Este cuento, Al Coda, lo escribió en Barcelona a finales de 2016.

A Gabriel,

fue por este cuento.

Ocho meses y veintitrés días después aún no ha recuperado la música. Solo quedan los ecos incompletos de lo que fue, la sutil vibración de las teclas negras, porque el Bobby, jazzista absorto en compases que los demás pretenden entender, se llevó todas las blancas. Arrancó cincuenta y dos teclas con un destornillador de pala que no volvió a poner en su sitio y la dejó con notas tensas, paranoicas, que no resuelven, que no concluyen. Solo alteraciones (sostenidos o bemoles, depende de quién mire). Si lo que buscaba era alterarla, el destornillador era suficiente. El destornillador sobre la encimera, junto a la quinua, sobre las gotas de jugo de naranja y al lado la cucharita que no era para el azúcar sino para el café, pero que sabía dulce y estaba decorada con cristales pegajosos, maldita sea, Bobby, es temporada de hormigas, todas las temporadas son temporada de hormigas y por qué el destornillador en la cocina.

            Ahora ya no lo soporta más. Ha pasado más de medio año y el silencio la aplasta, siente los tímpanos congestionados y para qué un instrumento que no puede ser tocado porque ya es más mesa que arpegios y ahora sí mira cómo pongo las copas sin portavasos porque si no te importó la cucharita a mí no me importa lo que fue piano, Bob-by. Pero sí le importa, porque la sombra de instrumento es lo único que quisiera conservar de lo que fue y convertirlo en lo que quiere empezar a ser, lo que quiere volver a ser. Así que se ha propuesto recuperarlas. Todas, las cincuenta y dos teclas arrebatadas con vileza, violentadas con egoísmo. Pero no quiere hablar con él, no quiere escucharlo. Ya tuvo suficientes solfeos y escalas jónicas y dóricas y frigias y lo que sea que eso signifique para ti, cariño, porque ni me acuerdo si son cuatro-y-tres o tres-y-cuatro to-nos-se-mi-to-nos, yo toco lo que toco y no te escucho ni me escuchas. Así que lo llama y en vez de hablar reproduce el Prelude in C Sharp del Nat King Cole Trio, que puede llevar el sharp y las teclas negras en el nombre pero en realidad no tiene tantos sostenidos y en realidad no importa porque él va a entender qué es lo que quiere, y cuelga. A los tres minutos, Bobby (que no se llama Bobby pero así le dicen porque sueña tocar como el Timmons) le devuelve la llamada con Memories of you de Art Tatum lo cual es, sin dudarlo, una burla, porque ella nunca llegó a interpretar nada de ese calibre en el piano y eso no podía ser una memory de ella, no way. No es pianista, solo lo usa (usaba) para afinar el saxofón que ahora se enmohece en su estuche porque ya no lo saca, porque la música se fue junto con las teclas blancas. Por eso son tan importantes, porque ya no puede tocar nada. No se atreve a generar una columna de aire que le arranque una nota a su propio instrumento y qué es un saxofón sin saxofonista, si es que todavía es saxofonista, si todavía puede tocar un saxofón. Suerte que no te gustan los vientos porque qué le hubieras arrancado, Bobby, cómo lo hubieras destruido.

            Así comienzan a acumular llamadas en las que no se dicen nada pero se oyen escuchar que You took advantage of me —pero no la de la Fitzgerald, la de Tatum, estancados en Tatum— y se responden (incluso tararean cuando no encuentran una versión adecuada de lo que quieren reproducir) con Chick Corea y su King Cockroach, ella a él, y They say falling in love is wonderful, él a ella, seguido de un bufido sarcástico y un torrente de títulos hirientes. No importa el piano ni el pianista, solo una combinación de palabras punzantes que le den un nombre a lo que se reprocha.

            Cuando ya está harta arroja todas las partituras a la basura y cubre el rezago de piano con una sábana. Porque para qué un piano que no lo es del todo. Está a punto de llamarlo y canturrearle I surrender, dear —de Monk, porque a él le gusta Monk y porque esa fue la primera partitura que desechó—, pero Bobby, que en realidad se llama Roberto (quizás el apodo sí tiene algo que ver con su nombre más allá de todo esto del piano y la música y el jazz), se adelanta con la big band de Ellington y esta vez sí con la Fitzgerald que le grita por el auricular You must take the A-Train / To go to Sugar Hill way up in Harlem / If you miss the A-Train / You’ll find you missed the quickest way to Harlem. Se encoge de hombros, se pone el abrigo azul que él le regaló y camina hacia la estación a esperar un tren que no la llevará al Harlem real porque no vive en ninguna manzana y menos en la grande. Vive en una ciudad más pequeña, una con más personas que ratas y con un bar subterráneo de dos pisitos en donde caben doce personas pero se meten cuarenta a jam sessions de confusión y horas y pretender que sí, que Harlem, ahí estamos.

En la boca de la estación un hombre sin dientes (faltan tres arriba y dos abajo) se fija en ella y levanta un cartón que permuta abrazos por comida. Ella frunce el ceño e intenta seguir de largo, no tiene comida ni quiere abrazos, no ahora, ni tuyos, Bobby, ni los tuyos, Roberto. Pero el hombre la toma por la muñeca con dedos sucios y sentenciados, y no la suelta, aunque no la aprieta. La taquicardia que le produce ese contacto físico, inesperado y con vibrato, la hace sudar y ya que ni frío tengo y no quiero nada tuyo Bobby, nada, propone el trueque de su abrigo por la bolsa de lona beige estampada que el hombre sostiene frente a ella. Por qué no hacerlo si lo único que en realidad lleva encima es la idea idiota de tomar un tren porque así lo quiere Duke. Por qué no hacerlo, Bobby, si eres tú el que quieres que vaya.

Son más de las once de la noche, va descubierta y está helando. No tomó ningún tren porque el abono se fue en el bolsillo junto con el destornillador y las ganas de buscar a Roberto. Así que regresa a casa. Regresa hipotérmica. Regresa y con cada paso siente el in crescendo de cincuenta y dos huesecillos que se chocan entre sí dentro de la bolsa. No se ha molestado en mirarlas ni contarlas porque sabe qué es lo que lleva. Y lo sabe porque el estampado en la lona es un pentagrama, y lo que está escrito en el pentagrama es My One and Only Love del grandísimo John Coltrane.

Y, por si queda alguna duda, John Coltrane tocaba saxofón.

Madame de Staël

Celebrada por su elocuencia dialéctica, Anne Louise Germaine Necker, Madame de Staël-Holstein (su nombre completo) creó obras literarias, tanto críticas como de ficción, que dejaron su huella en el Romanticismo europeo. Viajó mucho y conoció a numerosos políticos, artistas y escritores, y fue reconocida por su cosmopolitismo y su feminismo discreto.

Germaine Necker era la única hija de Jacques Necker, destacado banquero suizo y director general de Finanzas del rey Luis XVI de Francia, y de Suzanne Curchod, también de origen suizo, que regentaba uno de los salones más populares de París.

Nacida y criada conforme a los principios liberales del filósofo Jean-Jacques Rousseau, participaba regularmente en el salón de su madre. A la temprana edad de 13 años, ya había leído a Montesquieu, Shakespeare y Dante.

Con 20 años, se acordó su matrimonio con el barón Erik Magnus Staël von Holstein, un diplomático sueco en Francia.

En 1788, publicó su primera obra Lettres sur les ouvrages et le caractère de J.J. Rousseau [Cartas sobre las obras y el carácter de J.J. Rousseau].

De Staël empezó gradualmente a participar en la política y, en mayo de 1789, se unió a las reuniones de los Estados Generales en Versalles, una asamblea general que representaba a los estados franceses del reino: el clero, la nobleza y la plebe.

En ese momento, el gobierno francés se enfrentaba a una gran crisis económica en la que su padre tuvo un papel destacado. Tras un conflicto, Luis XVI lo despidió y desterró, lo que provocó una gran agitación entre la población parisina y dio lugar a la toma de la Bastilla, el comienzo mismo de la Revolución Francesa. Necker tuvo que huir a Suiza, ya que también los revolucionarios empezaron a atacarlo.

Madame de Staël se quedó en París, en donde los privilegios como consorte de un embajador la protegieron. Esto le permitió continuar con la actividad de su salón, frecuentado por moderados (entre ellos el obispo Talleyrand, que era muy activo políticamente) y por monárquicos.

Tras el anuncio de la Constitución Francesa de 1791 en la Asamblea Nacional, ella decidió mantenerse alejada de la política. «Las bellas artes y las letras ocuparán mi tiempo libre», anunció.

Tras la declaración de la República Francesa el 21 de septiembre de 1792, las crueles atrocidades de la Revolución fueron en aumento y De Staël trató de huir con todo su séquito. Su carruaje fue interceptado y la multitud la obligó a ir al ayuntamiento de París, en donde residía Robespierre, una de las figuras más conocidas e influyentes vinculadas a la Revolución Francesa. Ordenó su detención e interrogatorio pero, finalmente, le permitió marcharse de la ciudad con un nuevo pasaporte.

De Staël reflexionó posteriormente sobre la Revolución en su novela Delphine, en la que recordó los arrestos, la violencia y el destino de los emigrantes.

De Staël se encontró con Napoleón en dos ocasiones. Concluyó que era «un tirano despiadado que consideraba a los individuos como peones en un tablero de ajedrez que él controlaba».

En Considérations sur les principaux événemens de la révolution françoise [Consideraciones sobre los principales acontecimientos de la Revolución Francesa] afirma: «[Bonaparte] me intimidaba constantemente cada vez más. Tenía la confusa sensación de que ninguna emoción del corazón tenía efecto en él».

Tras la publicación de De la littérature considérée dans ses rapports avec les institutions sociales [La influencia de la literatura en la sociedad], su primer acercamiento filosófico a Europa, quedó patente que el primer hombre en Francia y De Staël no se llevaban bien. A Napoleón no le gustaba su determinismo cultural y sus generalizaciones. Para él, una mujer debía dedicarse a tejer.

Bonaparte no es solo un hombre, sino un sistema, (…). Por lo tanto, hay que examinarlo como un problema mayor, cuya solución tiene relevancia para el pensamiento de todas las edades.

Madame de Staël, Consideraciones sobre los principales acontecimientos de la Revolución Francesa

Mientras tanto, la extensa red de conexiones de De Staël, en la que había diplomáticos extranjeros y conocidos oponentes políticos, levantó las sospechas de Napoleón ante una posible conspiración. En octubre de 1803, la obligó a exiliarse sin juicio. Se fue a Alemania «por orgullo», con la esperanza de poder regresar lo antes posible.

De Staël visitó Weimar, Leipzig y Berlín, y conversó con muchas personas prominentes. Goethe se refirió a ella como una «mujer extraordinaria», mientras que Schiller elogió su inteligencia y elocuencia.

Cuando su padre murió en abril de 1804, se llevó a su familia a la propiedad que su padre tenía en Suiza.

En diciembre de 1804, De Staël viajó a Italia, en donde desarrolló todavía más su teoría de la diferencia entre las sociedades del norte y del sur. Estos viajes se convirtieron en la base de su libro Corinne, ou L’Italie [Corinne, o Italia], en el que enumeró todas las obras de arte italianas que fueron saqueadas por Napoleón y llevadas a Francia. Una vez más, Napoleón ordenó que volviera a Suiza, en donde convirtió su hogar en un club de debate para otras personas desterradas y hostiles para Napoleón. Stendhal la describió como «el cuartel general del pensamiento europeo».

Durante un tiempo, se desplazó constantemente y estuvo trabajando en una de las obras más influyentes del siglo XIX, De l’Allemagne [Sobre Alemania]. A partir de sus conversaciones con Goethe y Schiller, presentó la idea de Alemania como modelo ético y estético, y alabó su literatura y filosofía.

Tenía la determinación de publicar el libro en Francia, ya que también puso en tela de juicio las estructuras políticas francesas, criticando indirectamente a Napoleón. Por esta razón, Napoleón exilió a De Staël una vez más.

Tras cuatro meses de viaje, llegó a Suecia, en donde comenzó a escribir Dix années d’exil [Diez años de exilio], una descripción de la gente que había conocido y las cosas que había visto. No llegó a terminar el manuscrito. En su lugar, se fue a Inglaterra, en donde se reunió con Lord Byron.

Para Byron, ella era la escritora viva más importante de Europa, «con su pluma detrás de las orejas y su boca llena de tinta». También escribió que «a veces tenía razón y a menudo se equivocaba sobre Italia e Inglaterra, pero casi siempre certera en la definición del corazón, que no es más que una nación de ningún país, o mejor dicho, de todos».

En mayo de 1814, justo después de que Napoleón se exiliara a la isla de Elba, De Staël regresó a París, empezó a escribir de nuevo y recuperó su salón. Sin embargo, cuando se conoció la noticia del regreso de Napoleón a suelo francés en 1815, volvió a huir a Suiza. Tras la derrota definitiva de Napoleón y su abdicación, se marchó a Italia por cuestiones de salud. A pesar del declive de su buena salud, regresó a París, en donde murió el 14 de julio.

Su legado político se ha identificado generalmente como una férrea defensa de los valores republicanos y liberales: la igualdad, la libertad individual —especialmente para las mujeres— y la limitación del poder en virtud de las normas constitucionales.

A lo largo de toda su vida, De Staël insistió en que necesitaba la política para sobrevivir. Si bien su opinión sobre la corrección del compromiso político femenino variaba en ocasiones, solía declarar abiertamente que negar a las mujeres el acceso a la esfera pública del activismo y el compromiso era una agresión a los derechos humanos.

*Biografía extraida de Europeana.

María Enriqueta Camarillo

Vivió los primeros años de su vida en su ciudad natal antes de mudarse a la Ciudad de México, donde realizó estudios de piano en el Conservatorio de Música. Escribió más de quince libros de poesía y narrativa. Publicó sus primeros poemas en la Revista Azul y la Revista Moderna; su obra, asimismo, se reconoce dentro de la corriente modernista. Tradujo del francés la obra de escritores como Sainte-Beauve y Henri-Frédéric Amiel. En 1951 fue nominada al Premio Nobel de Literatura; hasta ahora es la única autora mexicana cuya obra haya contendido por el galardón. Estuvo casada con el historiador Carlos Pereyra, con quien vivió una larga temporada en España.  Murió en la Ciudad de México en febrero de 1968.

*Semblanza extraída del sitio de Publicaciones de la UNAM, donde puedes descargar material de lectura de la escritora.

Liudmila Petrushévskaia

Liudmila Petrushévskaia es la autora más destacada de la literatura rusa contemporánea. Nació en 1938 en Moscú, ciudad en la que sigue residiendo. Pintora, dramaturga y cantante de sus propias canciones en algunos teatrillos y cabarets moscovitas, tiene publicadas quince colecciones de relatos y varias novelas, como Tiempo de noche (1992) y Svoi Krug, considerada un clásico moderno sobre la denuncia de la intelectualidad soviética en la última década de la era comunista. El reconocimiento le llegó tarde. En 2003 recibió, a los 65 años, el más prestigioso premio nacional de las letras rusas. Al año siguiente fue galardonada con el Premio Pushkin; en 2004, con el Premio del Estado Ruso para las Artes, y en 2005, con el Premio Stanislavski. A partir de entonces su obra ha sido traducida a más de treinta lenguas y sus piezas teatrales representadas en todo el mundo. En 2010 obtuvo en Estados Unidos el Premio Mundial de Fantasía por la obra que publica ahora Atalanta.

*Semblanza extraída del sitio web de la editorial Atalanta, que publica sus obras.

Josefina Vicens

Josefina Vicens fue una novelista, periodista, guionista y cronista, tabasqueña, a quien conocían también como La peque, formó parte de una generación excepcional de narradoras: Elena Garro, Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas, Inés Arredondo, Rosario Castellanos. Este 23 de noviembre cumpliría 108 años la autora de las novelas El libro vacío y Los años falsosobras que la consolidaron en un lugar indiscutible en la narrativa mexicana del siglo XX.  

En 1958 recibió el Premio Xavier Villaurrutia por su primera novela El libro vacío. Además de ser la primera mujer en obtenerlo, debido a que antes sólo lo tenían Juan Rulfo y Octavio Paz, merece destacarse que el poeta le envió una carta a la escritora, hablando del libro de la autora, misiva que se incluiría, a manera de prólogo, en posteriores ediciones. Se tradujo al francés por Dominique Eluard y Alaíde Foppa y tuvo una magnífica crítica. 

A decir de Alejandro Toledo y Daniel González Dueñas, El libro vacío “se presenta como una reflexión sobre la vida misma”. Mientras Vicens explica “… es completamente autobiográfico; no es una invención, es una cosa sentida por mí y que he padecido y sigo padeciendo. Mi producción es escueta y creo que se debe precisamente a eso.”

 Hasta 1982 publicó Los años falsos, su segunda novela, recibió el Premio Juchimán de Plata, entonces entregado por la Asociación Civil Juchimanes de Plata. Sin embargo y pese a su calidad literaria, no fue bien acogida por la crítica como El libro vacío. Algunos especialistas coinciden que tal vez se debió a que pasaron 24 años antes de sacarla a la luz. Un año después publicó el cuento Petrita (1983). Estas tres obras configuran una obra breve pero intensa. 

Con el seudónimo de Diógenes García colaboró con artículos políticos en diversas publicaciones, y con el de Pepe Faroles en la revista Sol y Sombra y en el periódico Torerías, ambos especializados en la fiesta brava.

Josefina Vicens fue hija de Sensitiva Maldonado Pardo, maestra tabasqueña, y de José Vicens Ferrer, comerciante español originario de las Islas Baleares. Su vida es, en algunos aspectos, un misterio. Según la investigadora literaria Rosa Domenella (UAM), “Josefina resultó la única rebelde en una familia de cinco mujeres y siempre fue la preocupación de sus padres, desde sus campeonatos de balero, su pasión por la fiesta brava y su trabajo ejidal. ‘Ay, mi hijita, tú acabarás en la cárcel’, repetían sus padres”. 

Sobre la vida académica de la escritora, se refiere que estudió filosofía y letras, así como historia en la UNAM; aunque otros aseguran que nunca hizo estudios universitarios formales, sino que después de la primaria cursó una corta carrera de comercio de dos años. No obstante, lo que destacan quienes la conocieron, es el carácter autodidacta de sus estudios y la voracidad de sus lecturas.

En lo que sí parecen coincidir sus estudiosos es que tuvo relación con Los Contemporáneos, pero como no era muy dada a las relaciones sociales, no se le ubica en el grupo. Siempre cuidó su vida privada con mucho sigilo y humildad. 

Empezó a trabajar muy joven como secretaria en el departamento Agrario y fue ahí donde se ganó el apodo de La Peque. Este puesto le permitió conocer la situación campesina y tener una conexión con ella. Posteriormente entró en contacto con la Confederación Nacional Campesina (CNC), en la cual desempeñó el cargo de secretaria de Acción Femenil, desde la que luego se crearon las Ligas FemenilesAdemás de esta experiencia, también fue secretaria del director del Hospital General La Castañeda; sin embargo, a pesar de su interés por muchos de los pacientes, no soportó y permaneció en el puesto menos de un año. Posteriormente, adquirió mayor experiencia política al trabajar en la Cámara de Senadores.

Con el tiempo, la narradora llegó a formar parte de la sección ejecutiva del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y, en los años setenta, fue presidenta de la Comisión de Premiación de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas.

Josefina, autora de un primer guion, en 1948, que no llegó a filmarse, Aviso de ocasión, igual que como sucedió con algunas de las grandes escritoras mexicanas, tuvo la tentación escénica, como sucedió con Garro o Arredondo. Vicens escribió para la pantalla más de 40 guiones, de los cuales mínimo se filmaron 20. Entre ellos, Las señoritas Vivanco (1959) en el que también participaron Elena Garro, Juan de la Cabada y Mauricio de la Serna; Los novios de mis hijas (1964) y Los perros de Dios (1973).

Además de los premios literarios, recibió en dos ocasiones el Ariel, concedido por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) por los guiones de las películas Renuncia por motivos de salud (1975) y Los perros de Dios (1979). Josefina Vicens murió en la ciudad de México el 22 de noviembre de 1988.

*Semblanza extraída del sitio web del INBA

La vida perra

Todo mundo sabe que los escritores se dividen en dos: los que tienen gatos y los que prefieren a los perros. Además de que los perros son más inteligentes (comprobado), sirven para calentar los pies en invierno, y eso es algo irrebatible y absolutamente imperioso. Yo, por lo tanto, soy una dog person. 

Para vincular mi amor por los canes con la literatura, he decidido subir este post sobre libros o cuentos narrados por perros o cuyos protagonistas son perros. Sucede con el tema de los perros que es muy complicado narrar la vida de un can o su relación con el hombre sin caer en la cursilería o en los tópicos tan manoseados como la lealtad y el amor de estos cánidos por sus amos. En estos textos encontré esa relación tratada de distintas maneras y vista desde perspectivas muy interesantes.

*Como muchos saben, este blog ha sufrido varias cirugías para verse más guapo, y he tenido que volver a subir una por una las entradas anteriores (sí, ya sé que hay plugins que hacen la mudanza, pero no mudan todo por nada), así que he decidido actualizar un poco las historias de perros.

La perra, de Pilar Quintana

LA PERRA de PILAR QUINTANA en Gandhi

Esta novela de la colombiana Pilar Quintana se trata de las maternidades: la maternidad deseada, frustrada, desechada. Es la historia de Damaris, que adopta a una cachorra que nadie más quiere cuando la madre de ésta muere. Damaris nombra a su perra Chirli, el nombre que le habría puesto a la hija que nunca tuvo. A lo largo de las páginas (es una novela corta), se desarrolla la historia de la mujer y su perra, que empieza con un amor desesperado y termina como sólo pueden terminar esas relaciones en un mundo marginal, lleno de violencia y tragedias que marcan profundamente la mente y los actos de los personajes que los habitan.

«La perra», de Vasili Grossman

Cualquiera cuyo corazón haya quedado maltrecho después de saber la historia de la perra Laika saboreará este cuento de principio a fin. La perra del título no es necesariamente Laika, pero se acerca. Se trata básicamente de cómo nace la relación entre el perro y el hombre. Pueden leerlo aquí.

Tombuctú, de Paul Auster

El protagonista de esta novela no es un perro solamente, al menos al principio.  Todo empieza cuando Willy G. Christmas, un vagabundo enfermo, se da cuenta de que su hora final se acerca y decide emprender una misión: resguardar el manuscrito de su vida y encargar a su perro, Míster Bones, para que no quede desamparado tras su muerte. Obviamente, en esta novela de aventuras perruna, la misión pronto se desvía y de ella resultan otros andares para el buen perro. Narrada con humor ligero y ágil, es imposible que al leerla, uno no quiera acariciar por siempre a Míster Bones.

El fiel Ruslán, de Gregori Valamov

De todos los textos, El fiel Ruslán es el que más elabora una psicología perruna. En este sentido, la novela está narrada en tercera persona pero desde la perspectiva del perro. ¿De qué trata? Ruslán es un perro guardián que trabaja en un campo de prisioneros de la Unión Soviética. Cuando el campo es desmantelado, los prisioneros liberados y los guardianes se marchan, los perros quedan a la buena de Dios. Algunos no sobreviven, otros se van a vivir al pueblo aledaño. El problema es que Ruslán es un perro fiel hasta la muerte, está entrenado para un objetivo específico, que es vigilar a los prisioneros y no entiende la libertad. Es una novela alegórica, donde el perro representa lo perversa que puede ser la fidelidad ciega a una ideología.

Flush, Virginia Woolf

Debo confesar que, de estos textos, Flush fue el único que no me tocó en lo profundo. Lo pongo aquí porque es la historia de Flush, un cocker spaniel que le hace compañía a la poeta inglesa Elizabeth Barret, que por su delicado estado de salud, pasa casi la mayor parte del tiempo encerrada en su habitación. El texto es un retrato de la Inglaterra victoriana, una recreación del mundo visto desde los ojos de un perro, pero con esa exquisitez estilística que caracteriza a la Woolf. La frialdad de la erudición de la Woolf me resulta a veces chocante, algo hay en este relato, demasiado pulcro, que impide que Flush me resulte absolutamente entrañable como los canes anteriores. En gustos, señores.

Cecil, de Mujica Lainez

Mujica Lainez fue un escritor aristócrata. Es decir, de una aristocracia venida a menos porque le tocó el tiempo de la decadencia. Me da por compararlo con Stefan Zweig por la calidad de narrador que es y por las atmósferas que recrean ambos. Quizás en esto resida el magnetismo con el que su obra te atrapa. Cecil es una de autobiografía novelada en tercera persona, pues Cecil, el lebrel inglés que le hace compañía al Escritor, es la voz narradora. Obviamente, esto es un artificio literario, porque la voz del perro es pedante y orgullosa (como uno se imagina que pudo haber sido la voz del autor), con la nariz alzada por el orgullo de su alcurnia, pero que no deja del lado la ternura y la absoluta lealtad que caracteriza al can. Y como en todo buen narrador, incluso la pedantería resulta encantadora.

Ya sé que me faltó el Coloquio de los Perros de Cervantes y obras como Corazón de perro de Bulgákov, pero esos ya son más o menos conocidos, ¿no?

Abrazos a todos.

P.D. Les presento a mis perros, por si alguno andaba con el pendiente:

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Alma Mahler

Alma Mahler (Viena, 1879–Nueva York, 1964) fue sin duda una de las mujeres más fascinantes de su siglo. Estudió teoría musical con Alexander von Zemlinsky. A pesar de su fuerte inclinación creativa, renunció a la carrera musical para convertirse en esposa y musa de Gustav Mahler. Ello no le impidió, sin embargo, mantener relaciones con los más importantes artistas de la Viena de su época. Tras enviudar en 1911, se casó con el arquitecto Walter Gropius, figura clave del movimiento moderno y fundador de la Bauhaus, y posteriormente con el escritor Franz Werfel. En 1938 abandonó Austria tras el Anschluss y, tras recorrer Francia y España, en 1940 emigró a los Estados Unidos, donde permaneció hasta su muerte.

*Semblanza extraída del sitio web de la editorial Acantilado.