Okigbo, el pacifista, entre los males del mundo

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cuentos, Escritores, México, novela, reseñas

Luis Felipe Lomelí no es, afortunadamente, un escritor a quien nadie lee. Pero su libro más reciente, no es que nadie lo lea, es que difiere (digamos formalmente) de la línea de los libros que ha publicado anteriormente. Bueno, en teoría, porque ya sabemos que un escritor tiene en realidad una o dos obsesiones alrededor de las cuales gira su obra, por más contradictoria que sea, en apariencia, la enunciación. El libro se llama Okigbo contra las transnacionales y otras historias de protesta, y está publicado por La Pereza Ediciones.

Voy a copiar en las líneas que siguen una colaboración que hice para la revista Margen (dénse una vuela, vale mucho la pena) sobre esta chulada de libro que creo que todos deberían leer, un libro que es un libro absoluta y políticamente contemporáneo; una provocación pacifista y una interpretación brillante de nuestro Zeitgeist. Y a continuación les cuento por qué.

***

A estas alturas, discutida, asimilada o ninguneada y superada ya la posmodernidad y el formalismo, resulta un poco chocante, lo sé, reseñar una obra dándole demasiadas vueltas al género en el que se inscribe. Sin embargo, hay casos excepcionales, como este, que merecen más que un par de líneas que intenten discernir por qué es significativo que uno lea una novela o una serie de cuentos. No es que importe un género u otro, pero en este caso es relevante porque la forma establece una inmejorable coherencia con el discurso literario que propone: el binomio inclusión/exclusión –el mismo Dr. Richardson ‘Ndajeé se rebeló contra la taxonomía impositiva–. Okigbo vs. las trasnacionales y otras historias de protesta, publicada por La Pereza Ediciones en 2015, ¿es novela en cuentos?, ¿cuentos de tesis que se aproximan a lo ensayístico?, ¿biografía literaria ficticia?, ¿crítica disfrazada de ficción? ¿compendio divulgativo? Como decía, no es que importe, es tan sólo para lanzar la primera pregunta al lector. Me niego a clasificar este libro, y es el propio libro el que me lo impide. Eso, señores, es lo primero que hay que agradecer.

Pasemos al personaje. El doctor Okigbo Richardson ‘Ndajeé —nombrado por el autor en honor al poeta nigeriano Christopher Okigbo– tendría que encarnar la figura del antihéroe: un personaje que realiza su hazaña con medios poco ortodoxos. No es un vengador enmascarado, sino un académico cincuentón que dedica sus tardes a cuidar su huerto hidropónico, jugar con monitos de plastilina, recoger piedras, dar conferencias con títulos extravagantes, preocuparse por su sobrino Lincoln y, bueno, básicamente cuestionar las bases sobre las que se han construido las civilizaciones occidentales, si es que eso existe más allá del concepto. La cosa es que Okigbo ha desaparecido sin dejar rastro después de dar una conferencia el día 12 de abril de 2009 en la Universidad de Iowa, donde era profesor. El controversial tema de esta conferencia fue, aparentemente, la gota que derramó el vaso, su proyecto más peligroso: construir una geografía de la gente, renombrar cada sitio del planeta de acuerdo con las experiencias que están ligadas a él: crear un mundo de tolerancia basado en los recuerdos de las personas.

Casi todas las misiones del bienintencionado Okigbo –Okie, para los amigos– terminan en fracaso, o incluso en la consumación de aquello que pretendían revertir. No sólo se enfrenta a molinos de viento, sino que a menudo ilustra a la perfección la metáfora de la mosca estrellándose repetidamente contra una ventana de vidrio. Como todo lo verdaderamente cómico, en realidad es trágico. Además, el entrañable Dr. Richardson ‘Ndajeé es la antítesis de lo que nuestra cultura ha puesto y adorado en el nicho del héroe salvador o de los personajes más inolvidables: es negro –perdón, de ascendencia bantú–, ateo, vegetariano y homosexual.

Bohumil Hrabal decía que un verdadero libro es el que abre un camino más allá de sí mismo. Un verdadero libro es, pues, el que plantea preguntas. No lo digo en un sentido figurado. Okigbo contra las trasnacionales… define ejemplarmente sus cuestionamientos y abre un diálogo con el lector. ¿De qué debe hablar la literatura contemporánea? ¿Cómo ejercemos la crítica dentro de la literatura? ¿Quién escribe los libros que leemos? ¿Cuál es la sustancia del arte? ¿El arte lo crea el artista o lo hace el mercado? ¿Quién define su valor? ¿Cómo enfrenta la literatura el panorama mundial? ¿Debería la literatura ocuparse del cambio climático, la cultura del utilitarismo, la crisis de derechos humanos o la defensa de los derechos de los animales? ¿Existe una literatura de minorías? ¿La literatura de minorías es realmente de minorías? ¿Es la ausencia la raíz de todas las cosas que nos importan como sociedad? ¿Qué es la historia? ¿El motor que mueve al mundo son las ideologías o el amor? ¿La historia de los vencidos está impulsada por el deseo de justicia o por el mal temperamento? ¿Se puede cambiar el mundo desde el pensamiento humanista y pacifista absolutamente inclusivo?

Pasemos, por último, al autor. La pregunta de quién escribe un libro no está planteada a la ligera. Sabemos que el escritor es un sujeto de nombre Luis Felipe Lomelí porque la editorial precisa un nombre en la portada, cerca del título. Pero el juego empieza desde la primera página. Advertimos que el tal Luis Felipe Lomelí no es más que el corrector de estilo, y que en realidad, el libro es un compendio divulgativo elaborado minuciosamente por el editor, el Dr. Søren van Dyke, que fue pupilo del desaparecido Okigbo, y que se dedicó a reconstruir, a través de las historias que conforman el libro, su vida, su pensamiento y las pistas que puedan ayudar a dar con su paradero y a descubrir a los perpetradores del crimen. Por si no fuera suficiente, al parecer todos los que conocieron al protagonista o participaron en la creación del libro tienen algo que decir, incluyendo al traductor, además de una pareja de salvadoreños que eran vecinos de Okigbo, la Dra. Sagan, el propio Lincoln y uno que otro amante desperdigado por el mundo, cuyos testimonios encontramos dentro de la narración.

La monumental hazaña que lleva a cabo Okigbo es quizás la más solitaria que se pueda imaginar, pues está destinada al fracaso: hacer del mundo un lugar mejor para todos los que habitamos en él. Y utiliza el pensamiento como arma de sublevación. Por eso es tan peligroso. Por eso, tal vez, se encuentra desaparecido.

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Escrito por

Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

8 thoughts on “Okigbo, el pacifista, entre los males del mundo”

  1. Como siempre, muy interesante el escritor que presentas (aunque digas que no es un “escritor que nadie lee”, yo no lo conocía). Felicidades por el blog, hace tiempo que te sigo sin decir nada.

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  2. ladyblau dice:

    Es la primera vez que visito tu blog, y la primera vez tambien que escribo un comentario.
    Buscare y leere este libro, tu sintesis me invita….
    Gracias

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  3. Okigbo me recuerda en muchos sentidos a Njoroge, el protagonista principal de la novela “El mártir” de James Ngugi wa Thiong’o, ambos héroes desgraciados por formar parte de una minoría que se niega a ser silenciosa.
    Es muy curiosa la pregunta sobre qué es la literatura de minorías porque es una pregunta retórica en sí misma. Los mismos que deciden lo que es literatura canónica y lo que no, son los que deciden que tipo de literatura es para las minorías y qué tipo para la mayoría.
    Al final hasta la literatura se convierte en un acto de manipulación

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    • Y la pregunta, aunque sea retórica, deja entrever un poco que todo proviene de la industria, es decir, del mercado. Y aquí otra pregunta: ¿leemos lo que leemos porque nos gusta o porque es lo que nos ofrecen en las librerías?

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    • ¡Nombres! ¡Nombres! Dime títulos y autores y yo lo consigo y lo reporto! Me interesa toda esa literatura escondida de las mesas de novedades. Un abrazote desde México 😀

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