Jean Améry: Repudiar la historia

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Austria, Escritores

En su momento, el Tractatus logico-philosophicus (1923) parecía dar una solución a los problemas de la filosofía. No era absurdo comprender los límites del lenguaje como límites del mundo; si algo no podía ser dicho tampoco podía ser pensado, ergo no era real. Después vino el Holocausto y aquella generación enmudeció; la lógica neopositivista demostraba ser insuficiente ante un suceso fuera de toda racionalidad y toda moral. Jean Améry (1912-1978), ensayista austriaco cuyo verdadero nombre era Hans Mayer, agudo lector de Wittgenstein, atravesó la experiencia de los campos de concentración nazis. Al igual que en otros intelectuales como Primo Levi o Imre Kertez, Auschwitz abarcó el sentido total de su vida, sólo que éste  no residía en superar, denunciar u olvidar la desgracia, sino en arrastrarla conscientemente y echarle en cara el irreversible daño.

En Años de andanzas nada magistrales (Pre-Textos, 2006), y Más allá de la culpa y la expiación (Pre-Textos, 2001), Améry despliega su discurso literario y filosófico alrededor de la culpa y resentimiento, que para él son trincheras existenciales. Culpa por no prever desde 1933 lo que sucedería unos años después; por no ver más allá de los postulados del Círculo de Viena, porque “no actuar en aquellos días era tan criminal como el propio crimen”. Resentimiento porque más allá de cualquier patología freudiana, la historia había superado la racionalidad y la moral humanas. Para poder moralizarla de nuevo no se debía perdonar lo ocurrido, había que pensar aun después de Auschwitz. Dice Savater a propósito de Cioran que la historia se acepta o se rechaza. Aceptarla es perdonar y olvidar, y para Améry, que adoptó este nombre tras ser liberado del campo de concentración, “el perdón y el olvido forzados mediante presión social eran inmorales”.

La obra de este pensador no es una más de la literatura del Holocausto, es una labor de autodemolición, “porque uno quiere llegar al final antes de que llegue el final”. Levantar la mano sobre uno mismo: discurso sobre la muerte voluntaria (Pre-Textos, 2005), es un ensayo que analiza de cerca el instante previo al salto. Según Améry, la muerte no obedece a lógica alguna, porque ésta es esencialmente una lógica de la vida y por lo tanto la muerte “natural” no existe; todo se produce desde la subjetividad del individuo al que le ocurre. El hombre no conoce ni puede conocer el enigma de la muerte, pero es el que levanta la mano sobre sí mismo quien más cerca está, pues conoce lo que sucede un momento antes, es él mismo quien lo busca. Hablar de la muerte desde la ciencia es evadirla objetivamente porque “no existe un lenguaje objetivo para una verdad subjetiva”, escribe ya completamente distanciado del neopositivismo de entreguerra. Una vez alcanzada la lucidez, no había otra cosa que callar.

Al igual que en el caso de Celan o del mismo Levi, Auschwitz abarcó también el sentido total de su muerte, y en 1978, Améry ingirió una sobredosis de barbitúricos. Obligado a tragarse el fracaso ante la vida, no dejó que la muerte le robara la dignidad de morir voluntariamente.

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Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

3 thoughts on “Jean Améry: Repudiar la historia”

  1. Pingback: El lector (II) – litunivaldoteablog

  2. Hay que leer a Améry, a Primo Levi, a Hanna Arendt, a Robert Walser, a W.G. Sebald, a tantos y tantos que han sabido mostrar la cara más miserable del ser humano, capaz de inferir el mayor horror de los horrores a otros semejantes.

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