Diez libros para el 14 de febrero

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Listas

Si este fuera un blog de literatura de escritores que todo el mundo lee, incluiría en esta lista los libros que ya toooodo el mundo conoce, tipo Orgullo y Prejuicio, Cumbres Borrascosas, Romeo y Julieta, Las batallas en el desierto, Las cuitas del joven Werther o incluso Las afinidades electivas, Madame Bovary o Ana Karenina, pero como esos libros ya todos los conocen, mejor van unos no tan desconocidos, pero tampoco tan obvios. De todos modos, una historia de amor siempre es algo más que una historia de amor, es venganza, obsesiones, evidencia de una sociedad decadente, reflejo de prejuicios, intento de supervivencia, muestra de psicologías destrozadas, entretelones políticos  etc.

Esta entrada es una adaptación de mi colaboración de esta semana para The Elephant (in the room) sobre libros para el 14 de febrero. No es que me importe, J. y yo no celebramos esas cosas, ya saben, es sólo por convivir.

Cartas amor de la monja portuguesa, de Mariana Alcoforado

Las cartas están firmadas por Anónimo, pero el consenso las atribuye a la monja portuguesa Mariana Alcoforado, quien, en el siglo XVII, se enamoró del Conde de Saint-Léger después de que el hermano de la religiosa facilitara sus encuentros. Alcoforado escribe estas cinco cartas tras el regreso de su amado a Francia, y en ellas describe la pasión que la consume. Este libro, publicado en francés en 1669, influyó en la literatura de la época y en autores como Choderlos de Laclos, el autor de las Relaciones peligrosas (sí, la misma que fue adaptada a cine con Glenn Close, John Malkovich y Michelle Pfeiffer), una de las primeras novelas epistolares de la historia de la literatura.

La historia de mi mujer, de Milan Füst

El narrador es un marinero holandés que, sin tener un especial interés en el sexo femenino, en un momento decide contraer matrimonio con una joven francesa, más porque puede que por amor. El problema llega después, cuando, en efecto, el personaje no sólo se enamora de su esposa, sino que además se obsesiona con ella. Sabe que ella lo ha engañado no una, sino varias veces, y él mismo tiene una amante, pero esto no impide que se vuelva loco al punto de seguirla y revisar su correspondencia. La novela del húngaro Milan Füst está llena de ironía, y la prosa es tan ágil que las más de trescientas páginas de extensión se van como agua. La novela la edita Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

Jefe de estación Fallmerayer, de Joseph Roth

Siempre he pensado que leer a Joseph Roth es recibir una lección de narrativa. Lo he dicho tanto, que ya es un lugar común en mis conversaciones. Este es un libro pequeño en extensión pero enorme en cuanto a su calidad literaria, como todo lo que viene de la pluma de Roth. El funcionario Fallmerayer es el jefe de una estación ferroviaria que se enamora de una mujer aristócrata de historia ambigua. Después de un primer accidentado encuentro, Fallmerayer vuelve a encontrar a la mujer años después, y entonces decide seguirla al fin del mundo sin importar las consecuencias, que serán, para él fatales.

La carretera, de Cormac McCarthy

No es una historia de amor de pareja, pero sí es una historia de amor, de amor de un padre hacia su hijo. Los que vieron la película, deben leer el libro. La narrativa de McCarthy es profusa, llena de imágenes y metáforas, pero, ojo, cada imagen y cada metáfora está puesta en el lugar exacto, en otras palabras, es elocuente y nada le sobra. En un paisaje apocalíptico, el padre y su hijo deben caminar no tanto hacia la salvación, sino hacia la supervivencia. En su recorrido encuentran cualquier cantidad de personajes límite en una ciudad donde no queda nada más que despojos de una civilización. Al final, a pesar de la destrucción y las pérdidas, se vislumbra el fin de un ciclo y el comienzo de otro.

 El museo de la novela de la Eterna, de Macedonio Fernández

 Esta novela no se parece a nada que el bibliófago haya leído o esté por leer. El museo de la Novela de la Eterna es una pieza de complejos mecanismos narrativos. Parece más un museo que una novela, y más en el sentido de que el libro encarna, más que un objeto, un lugar. Sin embargo, es una novela sobre la novela, o sobre lo novelable, sobre la relación de la realidad con la literatura, y con la ruptura de las fronteras genéricas. La Eterna, Bella-persona es la musa a quien Fernández, escritor argentino, dedica esta obra singular de la literatura latinoamericana. El libro es una profunda meditación, una tentativa estética del autor que, en busca de una idealizada Eterna, recorre los vericuetos de una novela sin anécdota, solitaria, deliciosa y enigmática.

Todas las mañanas del mundode Pascal Quignard

Quignard es uno de los autores más prolíficos y más estudiados dentro de la literatura francesa. Todas las mañanas del mundo es una novela corta que fue llevada al cine en 1991, y que explora una de las obsesiones principales del autor: la facultad del arte para traer de vuelta a los muertos. M de Sainte-Colombe es un violista que vive en una casa de campo con sus dos hijas, alejado de la corte y del mundo. De carácter taciturno y secos modales, Sainte-Colombe vive apenado por la muerte de su esposa años atrás. Todas las tardes, el músico se encierra en una pequeña cabaña de madera que se ha hecho construir a un lado de su huerto y ejecuta melodías oscuras. Un día, al ejecutar una sonata se le aparece el espectro de su esposa, y desde entonces no deja de invocarla mediante la música. Paralelamente, el joven Marin Marais, un joven violista, le pide convertirse en su pupilo para aprender su arte y llegar a convertirse en músico de la corte. A lo largo de la novela, Sainte-Colombe enseña a Marais el significado de la verdadera música.

Rojo y negro, de Stendhal

Un amigo de la universidad me dijo alguna vez que todo lo que sabía del amor lo había aprendido de Stendhal. Esta declaración se explica, en parte, porque era un muchacho de dieciocho años y, bueno, pues no es que tuviera un largo historial amoroso, y si a eso le agregamos que en nuestro grupo había sólo cinco niños, y tres de ellos eran gays, bueno… Sin embargo, algo de cierto había en esa fervorosa declaración de aprendizaje literario. Rojo y Negro se desarrolla en la Francia revolucionaria, y es la historia del joven Julien Sorel, un muchacho de origen humilde con muchas ambiciones, y además, un admirador fervoroso de Napoleón, en quien ve un ideal. Para lograr escalar de posición tiene dos opciones: convertirse en miembro del clero (que representa el negro del título) o integrarse al ejército (el rojo). Pero sus aspiraciones se ven interrumpidas por las consecuencias de su desmedida ambición y de sus amores trágicos, el primero con Madame de Rênal, una señora noble de provincias, y Mathilde de La Mole, la hija de un aristócrata parisino.

El último encuentro, de Sándor Márai

Esta es una de las historias más bellas que encontrarán en la literatura del siglo XX. Sándor Márai es un escritor húngaro declarado abiertamente burgués –lo que muchos de sus contemporáneos le recriminaban– en tiempos en los que ser burgués era ya políticamente incorrecto, a pesar del hecho de que, le pese a quien le pese, la literatura es herencia de la burguesía. El último encuentro es la historia de una pasión y de una amistad. El narrador es Konrad, un viejo general de la Guardia Imperial Austrohúngara que ha esperado cuarenta y un años el regreso de Henrik, quien fue su amigo inseparable de juventud, y de quien se distanció irremediablemente después de enterarse del romance que sostuvieron él y su esposa. La confrontación entre los antiguos amigos es un duelo de confesiones, donde la verdad representa el poder liberador, y la pasión, el único motivo que da sentido a la vida de los hombres. Uno se pasa la vida preparándose para algo, dice acertadamente Konrad, el último encuentro es ese acontecimiento.

La sonata Kreutzer, de Tólstoi

Esta pequeña novela de Tólstoi es, en un principio, una historia de celos, y toma su nombre de una sonata de violín y piano que Beethoven dedicó a Rodolphe Kreutzer. La trama es la siguiente: durante un viaje en tren, Pózdnyshev escucha a algunos pasajeros conversar sobre el amor y el matrimonio. Después de un descanso, él mismo narra su historia y cuenta cómo su mujer empieza a frecuentar y a recibir en la casa a un violinista con quien mantiene un romance apasionado. En un arranque de celos, Pózdnyshev da media vuelta en un viaje que debía hacer con la intención de descubrir en flagrante delito a su esposa y al violinista. No quiero arruinar la lectura contando el final, mejor la recomiendo ampliamente para que cada quien se forme su propia opinión, baste decir que la novela fue censurada y a Tólstoi no lo bajaron de depravado. Además de la anécdota que atrapa, la novela contiene algunos planteamientos de género dignos de debate, y también ideas sobre el amor y el matrimonio que darían para discutir mucho tiempo después de finalizar la lectura.

El cortejo nupcial helado en la nieve, de Ismaíl Kadaré

Hay que aclarar dos cosas sobre Kadaré –a quien, por cierto, le acaban de conceder el premio nacional literario de Jerusalén, y que en 2009 ganó el Príncipe de Asturias de las Artes y las Letras. Primero: a grandes rasgos, Kadaré sólo escribe sobre el conflicto de los Balcanes, más de cerca sobre Albania y, particularmente, sobre Kosovo. Segundo: cada vez que escribe sobre Kosovo y sobre Albania, en realidad está escribiendo sobre muchas otras cosas concernientes a todos los que no somos albaneses ni kosovares. Escribe sobre la muerte, sobre la literatura épica oral, sobre la guerra, sobre la tiranía y la represión, sobre política, sobre el origen de la tragedia (y contradice la teoría de Nietzsche), sobre esa cosa tan manoseada que los perezosos llamamos condición humana.

El cortejo nupcial helado en la nieve hace alusión a una vieja leyenda balcánica que ilustra metafórica la eterna cuestión balcánica. Cada vez que un joven eslavo (serbio) y una mujer albanesa decidían contraer matrimonio, el cortejo nupcial del novio, que debía atravesar las montañas albanesas, quedaba, por obra de las erinias eslavas (o albanesas), congelado en la nieve, de manera que la unión nunca podía realizarse. El libro tiene como protagonista a Teuta Shkreli, una doctora albanesa que es investigada porque, durante el tiroteo de 1981 de los yugoslavos contra los albaneses de Kosovo, ella ayuda a los heridos, sin importar su etnia o nacionalidad. Esta novela es la metáfora del odio irracional entre pueblos, historia de un amor políticamente imposible.

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Escrito por

Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

5 thoughts on “Diez libros para el 14 de febrero”

  1. Magnífica selección. Lo digo con un prejuicio: me gustan en general sus recomendaciones y, en esta en particular hay libros que he leído (‘Cartas amor de la monja portuguesa’, ‘El jefe de la estación Fallmerayer’, ‘La carretera’, ‘Rojo y negro’ y ‘La sonata Kreutzer’) y otros no. Así que es una magnífica oportunidad para leer estos últimos. ‘El museo de la novela de la Eterna’ es un libro que tengo pendiente desde hace tiempo. Lo tengo en el estante y, sin embargo, algo hace que siempre caiga en mis manos otro que, por curiosidad o interés práctico, lo mantiene en su sala de espera. Esa especie de maldición que recae sobre algunos libros debería ser motivo de otra novela de novelas. Saludos agradecidos.

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