Algunas recomendaciones literarias para mi amigo Diego

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Mi amigo Diego vive en Ginebra y acaba de venir a pasar Navidad y Año Nuevo a Mordor, léase Ciudad de México. Él es traductor y siempre tiene mil cosas que hacer porque trabaja en muchos proyectos a la vez, además de cursar su doctorado e intentar conservar su vida social. Antes de regresar a Suiza me invitó un helado de chocochips y me pidió que le recomendara a algunos escritores latinoamericanos (y no) para leer a lo largo del año. Aquí está mi recomendación. Con cariño para Dieguini.

1. Las resurrecciones, de J.O. Abblitt

J.O. Abblitt merece una entrada aparte en Escritores que nadie lee, es uno de esos autores secretos que, lamentablemente, por falta de promoción y vida literaria, no le hacen reseñas en cada suplemento de cultura ni nada por el estilo. Las resurrecciones es su primera novela y, contrario a lo que dicen las dos o tres reseñas que existen sobre este libro en internet, no es una novela policiaca ni, mucho menos, una novela sentimental, como sugirió algún despistado con (quizá) buenas intenciones. Las resurrecciones narra la odisea de un reportero de nota roja que un día, siguiendo un anuncio en el periódico, decide ir a entrevistar a un antropófago. El periodista tiene una ex esposa con la que está obsesionado, una hija a la que quizás no verá a causa de la custodia, un jefe detestable y sádico, y una amante de presencia melancólica y ambigua. No quiero extenderme demasiado, pero el estilo de Abblitt conjuga el ritmo de una prosa que atrapa (Quignard decía que sólo hay dos tipos de novelas, las que atrapan y las que no), una ironía inteligentemente dosificada que recorre la novela desde el primer párrafo hasta el punto final, una tensión que va creciendo página a página, y la elaboración de personajes entrañables, verosímiles, profundos y, además, de lo más comunes y corrientes. Héroes grises fallidos de la vida cotidiana. El señor antropófago, por cierto, es uno de los personajes más memorables que he encontrado últimamente en la literatura mexicana, una virtuosa creación del narrador.

La novela la consiguen aquí, está editada por Ficticia (Diego ya la tiene y espero que la lea u.u).

2. Canción de tumba, de Julián Herbert

Herbert es uno de los autores más destacados del panorama literario mexicano contemporáneo. Canción de tumba es una novela autobiográfica donde el narrador cuenta la historia de su madre; una historia demoledora, entrañable y honda. El texto surge a partir de la agonía de la madre, que padece leucemia y está en sus últimas horas. El narrador la cuida y, entre guardia y guardia, va recordando el pasado de esa mujer que en su juventud fue prostituta de una belleza oscura y voluptuosa. En el pasado de la madre está, naturalmente, la infancia del narrador, que va deshilando capítulos de aquella vida de viajes, amantes, tragedias domésticas y cambios de nombre, con un lenguaje sincero y visceral, atropellado por momentos, y siempre directo. Canción de tumba es una novela catártica tanto para el autor como para el lector; una novela de crecimiento que, en medio del caos, desgrana los momentos de una historia recuperada en las puertas de la muerte.

3. Ella sigue de viaje, de Luis Felipe Lomelí

La última novela de Lomelí, Indio borrado, ha estado por todas partes, desde las consabidas listas de fin de año hasta un sinnúmero de reseñas, incluyendo la presencia del autor en ferias del libro internacionales, de lo cual me alegro. Yo no la he leído, por lo que no puedo decir gran cosa además de la fama que ha acompañado esta novela desde su lanzamiento, pero sí leí Ella sigue de viaje y creo que Lomelí es, aunque ya suene como perogrullada, uno de los autores a los que hay que seguir de cerca. La prosa de Lomelí en este libro de cuentos es de una profunda melancolía y una certera construcción de la psicología de los personajes. Es un libro habitado por hombres y mujeres entrañables que han sufrido pérdidas y que intentan vivir el día a día e intentan no resignarse a la pérdida. Mi cuento favorito es “El cielo de Neuquén” que ganó el Premio de Cuento Edmundo Valadés. Además, como dato curioso, Lomelí es el autor del cuento más corto del mundo, llamado El inmigrante”, más corto aun que el del dinosaurio de Monterroso. El libro lo edita Tusquets.

4. Bonsái, de Alejandro Zambra

Esta novela corta de Zambra está estructurada por fragmentos que cuentan la historia de Julio y Emilia, una historia que termina mal, como todas las historias de amor, o quizás no termina mal, simplemente termina porque ella desaparece, se muere. Termina. Después de enterarnos de quién es Emilia, de sus amistades, su vida, su personalidad, el narrador nos habla de Julio, que un día se reúne con Gazmuri, un escritor de media fama (el cliché del escritor misántropo que no puede escribir en máquina o computadora porque prefiere el sonido del correr del lápiz por la hoja) que quiere que Julio le transcriba su última novela, de la que sólo conoce el inicio: un hombre se entera de que una mujer a quien amó  en su juventud ha muerto; enciende el radio por la mañana y escucha que en el obituario dicen el nombre de la mujer, dos nombres y dos apellidos. Así empieza todo. Y como Julio finalmente no consigue el trabajo, decide él escribir la novela por su cuenta. La novela de Julio lleva por título Bonsái, en honor a una planta que él y Emilia cuidaban cuando estaban juntos. Bonsái es, en metáfora y en todo lo demás, una novela en miniatura, una réplica artística de prosa fluida que se termina más pronto de lo que el lector desea.

5. Bomarzo, de Manuel Mujica Láinez

Mario González Suárez, que nos dejó esta lectura en clase, nos contaba que Mujica Láinez escribió este novelón después de una visita que hizo al jardín de los monstruos de Bomarzo, en Italia, tras un sueño iluminador que lo llevó directamente a encarnar al joven príncipe Pier Francesco Orsini, quien, en el siglo XVI mandó construir este misterioso y singular sitio. Orsini era un noble contrahecho (tenía una giba) que se refugiaba en este jardín de los monstruos, donde se sentía entre iguales. Bomarzo es, además de un novelón de fina manufactura (por el detalle y la minuciosa y verosímil construcción de los personajes) un amplio panorama del Renacimiento. Por esta novela pasan personajes como Miguel Ángel y Ariosto. Un libro con muchos niveles de disfrute.

6. La obediencia nocturna, de Juan Vicente Melo

Entre los círculos literarios corre el rumor de que La obediencia nocturna es la mejor novela que dio el siglo XX dentro de la literatura nacional. Fuera los consagrados, hay que ir más allá de Pedro Páramo o las que ustedes gusten. No, La obediencia nocturna es LA novela. La obediencia nocturna es una obra oscura que busca el camino de la iluminación, y digo el camino porque lo importante es, como en toda la buena literatura, el trayecto. Cifrada en una prosa delirante, mística y reflexiva, el narrador, eternamente dominado por el alcohol, obsesionado por las visiones de su hermana Adriana y en eterna búsqueda de una ambigua (quizás inexistente) Beatriz. Juan Vicente Melo construye lo que podría ser una novela metafísica, pero que pretende alcanzar el conocimiento mediante la oscuridad de una conciencia “distorsionada”, quizás por eso más lúcida, y no mediante la voz divina. Melo, él mismo decía ser víctima de una conspiración de fuerzas atávicas, y quizá sea esta declaración la que mejor pueda describir La obediencia nocturna.

7. Algo elemental, de Eliot Weinberger

No me voy extender ya sobre este ensayo de Weinberger porque es un libro que recomiendo tanto que ya tiene una entrada aquí, aunque no sea precisamente un autor a quien nadie lee, verdad.

8. La mujer de la arena, de Kobo Abe

Hay pocos libros que me hayan angustiado al nivel de La mujer de la arena. Esta novela cuenta la historia de un entomólogo que viaja a un pequeño poblado para busca un espécimen de insecto. El problema es que el poblado es asolado por la arena, sus habitantes viven por ella, la organización social está basada en la supervivencia, meta que sólo se puede alcanzar impidiendo que la arena lo sepulte. Ahí, el entomólogo no tiene otra opción que permanecer con una mujer que vive en una choza en una hondonada, una viuda solitaria que no hace otra cosa que sacar arena de la casa. El hombre, desesperado por escapar de ese lugar, intenta todo tipo de argucias para lograrlo, con resultados desastrosos. Con una narrativa limpia, minimalista, con metáforas precisas e imágenes claras, Kobo Abe construye varias metáforas de manera impecable: la memoria, la existencia del hombre y lo fugaz de nuestra permanencia en el mundo. 

9. Solo en Berlín, de Hans Fallada

De Fallada ya también tengo aquí una entrada. Sólo me gustaría añadir que éste es de los libros, como decía en la primera parte del post, que atrapan. No hay más. Es la historia de un matrimonio que pierde a su único hijo en la guerra del 41 y que realiza, con todo el peligro que eso implica, un movimiento de resistencia invisible ante el régimen nazi que tiene a Alemania sumida en el miedo y la abyección. Una historia contada desde las víctimas de adentro, las que se tuvieron que quedar en casa mientras el mundo era destruido por el régimen que dominaba desde su propio país.

10. Mudanza Historia descabellada de la peluca

Quisiera recomendar un pequeño libro de ensayos de Verónica Gerber que se llama Mudanza, uno de esos ensayos entrañables que, mediante la primera persona de una prosa personalísima, va recorriendo otros temas que son inscritos con inteligencia y estilo. Mudanza trata, a grandes rasgos, de artistas que transitaron de la literatura a las artes visuales, cada ensayo narra e interpreta ese proceso y, lo convierte en algo tan personal, que el lector termina siendo parte de la historia, porque, hay que decirlo, un buen ensayo es también una buena historia, posee una narrativa que lleva de la mano a quien lo lee, también, como las novelas, atrapa o no atrapa. Pero como es difícil conseguir a estas alturas este libro (editado por Ditoria), voy a recomendar otro libro de ensayos que se llama Historia descabellada de la pelucade Luigi Amara. Este libro ganó la mención honorífica en el premio Anagrama de Ensayo del año pasado, y es uno de esos ensayos con un título que parece ocioso pero cumple cabalmente la noción de que un ensayo es un paseo, por más sobada que parezca la expresión. Luigi Amara es ingenioso e inteligente, también es astuto, porque tiene la malicia que requiere un ensayista para hacer que el lector siga un ensayo sobre las pelucas con el mismo interés que si se tratara de un libro de crónicas del norte de México (que, en estos tiempos, está a la alza).

P.D. En próximos días haré una lista dedicada exclusivamente a escritoras que me parece que habría que leer, y también se la pasaré a Dieguillo, para que tenga variadito.

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Escrito por

Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

2 thoughts on “Algunas recomendaciones literarias para mi amigo Diego”

  1. Si bien es cierto que apenas conozco los escritores latinoamericanos más extendidos, creo que es la primera vez que veo una lista (literaria) de la que no conozco ningun libro. Me la apunto.
    Quedas, por supuesto, invitado a conocer mi pequeño blog 😉

    Nos seguiremos leyendo por aquí.
    Cuidate

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