Iván Bunin

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Escritores, Rusia

La literatura rusa, más que ninguna otra, está repleta de personajes extremos: indigentes, visionarios, dementes, profetas, idiotas y genios. Los grandes hijos de la Madre Rusia supieron ahondar en los conflictos humanos mediante tipologías nacionales. El realismo, su género narrativo por excelencia, fue sometido al régimen socialista y censurado por el propio partido cuando no estaba ceñido al discurso ideológico, degenerando en una literatura panfletaria. No fue sino hasta mediados del siglo pasado, durante el período de Jrushov, que empezaron a descongelar en la Unión Soviética la obra de algunos escritores no alineados. Bunin entre ellos.

Iván Alexéievich Bunin (1870-1953) nació en la ciudad de Voronezh, donde fue educado en el seno de una familia noble. Su obra narrativa y lírica, así como sus traducciones de poetas estadounidenses, como Longfellow y Tennyson, le ganaron el reconocimiento del público y de la crítica durante los primeros años del siglo xx. Pero los tiempos cambiaron y con ellos la literatura. Bunin, amigo de Gorki e integrante del grupo Znanie, se separó de ambos para no verse envuelto en controversias políticas ni culturales. Alejado de los círculos literarios, siguió cultivando su propio estilo: un realismo que seguía las pautas de la tradición chejoviana, el mismo que desentrañaba con sencillez y a la vez meticulosidad la miseria y la luz del espíritu eslavo. En La aldea (1910), Bunin retrata la vida de la Rusia de provincia, donde, a pesar de la Revolución, la pobreza sigue siendo la misma de hace mil años, donde la ideología es un pretexto para legitimar el saqueo, donde la gente piensa y actúa como si el tiempo no hubiera pasado.

En los años de la Revolución de Octubre, primero en Moscú y después en Odessa, Bunin escribió notas que posteriormente escondía en diferentes rincones de su casa. Ante la era de terror que se avecinaba, el autor de El amor de Mitia (Pre-Textos, 2003) decidió huir, y en 1919 dejó Rusia definitivamente. Los apuntes que había escrito durante esos años se publicaron durante su exilio en Francia bajo el título de Días malditos: un diario de la Revolución (Acantilado, 2007). En este libro, Bunin manifestó su repudio hacia esos hombres que querían extinguir el “maldito pasado” y que, a la vez, se empeñaban en ostentar su archirrusismo; analizó las contradicciones de un régimen que se decía internacional y pretendía ostentar la supremacía de la patria rusa, que sustituía siglos de vasallaje por tiranía y opresión en aras de un falso progreso, que utilizaba el complejo de inferioridad de toda una nación para promover la violencia con el estandarte de justicia.

Maquetaci—n 1

Aunque Nabokov admiraba más su poesía que sus novelas, entre los intelectuales se ganó el mote de “gran estilista” por su brillante manejo del lenguaje y por el detalle con que describió cada aspecto de la vida sus personajes.

Iván Bunin recibió el premio Nobel de literatura en 1933, convirtiéndose en el primer escritor ruso en obtenerlo, y además, el primer exiliado. Su obra es quizás la última que rescata los colores de la Rusia prerrevolucionaria, la Rusia de Gógol y Lermontov, la de Pushkin y Dostoievsky.

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Escrito por

Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

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