Nikolái Leskov

Deja un comentario
Escritores, Rusia
Es más o menos conocida la costumbre de Nabokov de ningunear a varios de sus colegas. A estas alturas, estar en su lista del odio, que incluía, entre otros, a Dostoievski, Faulkner, Bellow, Eliot, Borges, no es algo precisamente malo, tan sólo incompatibilidad de caracteres. Entre estos  escritores, a quienes Nabokov llamaba de segundo o tercer rango, se encuentra uno de los grandes escritores, perdidos y hoy desenterrados, del siglo XIX ruso.
Se llamaba Nikolái Leskov. Nació en 1831 y murió en 1895. Era agente de comercio de Kiev y después fue periodista. Su agudeza intelectual y su interés por las cuestiones morales y religiosas que moldeaban la mente del pueblo ruso fueron siempre temas de constante interés para él. Como no tuvo la oportunidad de terminar sus estudios universitarios, fue autodidacta. Por un motivo casi accidental (la interpretación perniciosa de una carta que publicó en un periódico), se ganó un amplio desprecio compartido por los escritores de su tiempo. Tenía muy poca sensibilidad en lo concerniente a sus relaciones públicas con el mundillo intelectual; él mismo provocaba y se burlaba de quienes consideraba unos farsantes y decadentes nihilistas, y se proclamaba autosuficiente ante todos ellos.
La admiración que la obra de Nikolái Leskov suscitó en generaciones posteriores da prueba de que era uno de esos escritores que, en efecto, no escribía para sus contemporáneos, sino para las generaciones futuras. En su tiempo, solo Tolstói supo verlo; después llegaron Gorki, Thomas Mann y Walter Benjamin a reiterarlo. La máxima que asegura que cuando alguien ha hecho un viaje, y sólo entonces puede contar algo, es autobiográfica para Leskov. Empezó a escribir a los 29 y ya había viajado por casi todos los rincones de la gran Rusia; conocía de cerca a los aldeanos que tenían que enfrentarse diariamente al hambre, la burocracia, la pobreza y el abandono. Se dio cuenta de que los rusos eran egoístas, borrachos y violentos, pero también de que su alma era fundamentalmente noble y piadosa.
La pulga de acero, acaso la obra maestra de Leskov, escrita en la etapa última de su carrera, es un caso de genialidad del que no se tienen muchos ejemplos en la literatura eslava. Cuenta la historia de dos grupos de artesanos, los rusos y los ingleses, que compiten por ver quién tiene la técnica más depurada, la sensibilidad más afinada; en pocas palabras, qué arte es más cercano a la perfección, el de la madre Rusia o el de los sajones. El tono sarcástico de la narración hizo que muchos la interpretaran como una mofa hacia el archinacionalismo ruso, que no era sino un provincianismo a gran escala; otros se la tomaron al pie de la letra y la ponderaron como metáfora de la superioridad de Rusia por encima de las naciones occidentales. Más raro aún: tanto los zaristas como los soviéticos arroparon el texto como estandarte de su causa.

Para Leskov, la composición escrita no era un arte liberal, sino una artesanía. Despreciaba la idea del arte por el arte pues, como buen moralista, la literatura le servía para expresar lo bello y lo bueno que había encontrado en la condición humana. Aunque difiero un poco de esta postura, hay que ver que, más allá de la función utilitaria, y dado que también, los tiempos han cambiado, lo que permanece es el texto, y ahí yo no tengo nada que reprochar.

Anuncios
Escrito por

Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

¿Qué piensas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s