Jiří Kratochvil

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Escritores, República Checa

Creo que es absolutamente necesario que todos lean a este prodigio de la narrativa checa contemporánea. Supongamos que fuera posible condensar el temperamento de la narrativa checa contemporánea en tres componentes. Si pudiéramos llamar a cada uno con un nombre propio, Jaroslav Hašek aportaría los últimos espasmos de la épica centroeuropea, la ridiculez de un mundo sumido en una guerra absurda; Bohumil Hrabal, el candor y el heroísmo de la gente de bajo perfil, con sus hazañas de supervivencia cotidiana y sus temores aparentemente anodinos, y Milán Kundera, el desasosiego y desconcierto de una generación en transición. Y si fuera posible consagrar una narrativa que integrara los tres componentes, sin caer por ello en el epigonismo, ésa sería la de Jiří Kratochvil.

Kratochvil nació en Brno en 1940. A los nueve años sufrió una enfermedad respiratoria que lo hizo pasar tres meses en un sanatorio, donde contaba historias al resto de los niños y los mantenía tranquilos. Durante la era del Telón de Acero, Kratochvil se dedicó a diversos oficios ajenos a la literatura, y sus novelas eran publicadas en el sistema samizdat, pues el partido las había prohibido. Con la caída del muro de Berlín fue posible sacar a la luz la obra de los escritores silenciados, Ivan Klíma y Kratochvil entre ellos.

La editorial Impedimenta se dio a la tarea de rescatar y traducir, por primera vez en español, En mitad de la noche un canto, novela tejida mediante los relatos paralelos de dos personajes, Petr y Petrik, donde uno es trasunto literario del otro. La orfandad de ambos protagonistas hace pensar más bien en una alegoría de la patria perdida a manos de villanos omnipresentes y, por lo tanto, invisibles. En este caso, el tema arquetípico de la búsqueda del padre es la obsesión que desata los poderes de una imaginación que se alza por encima de la tragedia y configura la sucesión de eventos gracias a los cuales se construyen los recuerdos, independientemente de la mezcla de ficción y autobiografía.

Brno, lugar donde transcurren ambos relatos y ciudad natal del autor, se convierte en un laberinto espacio-temporal donde el narrador transita a sus anchas, se pierde y vuelve cuando lo cree necesario. Petrik, el personaje, es impertinente como el Oscar Matzerath de Günter Grass en El tambor de hojalata, pero Kratochvil, el narrador, es carismático como el niño de nueve años que cuenta historias a sus compañeros de enfermedad. El canto en mitad de la noche es la escritura misma, la escritura de una de las varias vidas que nos son posibles. Escribe Kratochvil en el capítulo final una carta dedicada al padre: “es como si continuamente le estuviera narrando mi vida, como si no viviera más que de la necesidad de narrársela y de transformar el pan y el vino de la realidad en la carne y la sangre de esas cartas, como si sólo mediante lo narrado la realidad cobrara nueva vida (se espesara, endulzara y dorara) y yo fuera sólo su intermediario, algunas veces, preso de la angustia, me pregunto: ¿existe algo fuera de esas cartas? ¿y quién soy yo entonces? ¿soy lo narrado o el narrador?”. El padre, más que alegoría, es destinatario de ambas historias. Es escucha: es lector.

 

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Escrito por

Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

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