Hans Fallada

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Alemania, Escritores

Leer a Hans Fallada provoca ese sentimiento que sólo se puede describir con un término alemán, el ya tan manoseado Heimweh, que se refiere principalmente a la añoranza por el terruño, sólo que en este caso no es añoranza por un lugar, sino por una época (quizás sería más bien como Sehnsucht, o así), y es esa Alemania que está a punto de morir para siempre con las últimas generaciones, la Alemania antes de las guerras. Lo que recuerda ese mundo hoy extinto en la obra de Fallada no es tanto la descripción de aquella Alemania, sino los personajes y la prosa que despliega en sus novelas, una narrativa más cercana al siglo XIX en el sentido de la trama pura, el argumento que se desdobla sin prisa y sin ostentación de recursos lingüísticos, naturalmente, como el desarrollo y crecimiento de los personajes. Un estilo narrativo más cercano, por ejemplo, a Heinrich Böll, que a, por decir, Alfred Döblin, aunque temporalmente está más cercano del autor de Berlin Alexanderplatz.

Fallada nació en 1893 y murió en 1947; escribió muchos libros, y muchos de ellos son más bien literatura de entretenimiento, o sea, literatura de supervivencia que escribió para poder seguir publicando durante la Alemania nazi. Sin embargo, a pesar de lo que parece, Fallada era un autor de tendencia crítica (fuera de los folletines, claro).

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La novela Solo en Berlín es un tabicón de 552 páginas que mantiene al lector intrigado de principio a fin. Solo en Berlín empieza cuando la cartera Eva Kluge lleva a un edificio en la calle Jablonski una carta que contiene el aviso de que el hijo único de una pareja de mediana edad ha muerto en la guerra. Estamos en 1940 y Berlín respira miedo por la vigilancia que mantiene el partido nacionalsocialita sobre cada uno de los habitantes de la ciudad, los delatores están a la orden del día y el oportunismo no se hace esperar. La novela narra la vida y destino de cada uno de los habitantes de ese edificio, así como de la señora Kluge, pero el argumento central es la historia de Otto y Ana Quangel, quienes, después de recibir la noticia de la muerte de su hijo, emprenden una solitaria y monumental resistencia contra el Tercer Reich. La resistencia consiste en elaborar volantes con preguntas subversivas que dejan en edificios y espacios públicos para que la gente sepa que hay alguien que, en silencio, lucha contra la tiranía nazi. Por supuesto, cada una de las veces que salen a dejar los volantes en los sitios indicados se vuelve una expedición al campo enemigo, y en cada incursión corren peligro de muerte. Sólo en Berlín es el relato de la resistencia contado desde el epicentro, desde la gente común y corriente, desde el silencio de la resistencia de quien ya no tiene nada que perder.

Normalmente prefiero siempre hablar sólo de la obra de los escritores, pero tampoco hay que negar al lector el morbo de una biografía trágica cuando la hay (secretamente nos encantan), y es el caso hoy. Resulta que Fallada fue, como tantos, un drogadicto y alcohólico de primera categoría, y muchas veces terminaba escribiendo para pagarse sus gustitos. Además, cuando era un jovencito alocado, planeó junto con su mejor amigo un suicidio acompañado, el cual realizarían mediante un duelo. Bueno, la cosa es que Fallada mató a su amigo pero él mismo sobrevivió, tras lo cual fue acusado de asesinato e internado en un psiquiátrico. Al salir del hospital quiso enlistarse en el ejército pero lo consideraron no apto. Años después fue internado otras dos veces en el manicomio, y una vez más acusado de intento de asesinato por tratar de matar a la que entonces era su esposa.

La cereza del pastel: el verdadero nombre de Hans Fallada era Rudolf Wilhelm Adolf Ditzen. El nombre de Hans lo tomó del cuento de Hans im Glück (Juan con suerte), de los hermanos Grimm, y Falada era el nombre de un caballo que, aún después de muerto, siempre decía la verdad, personaje del cuento Die Gänsemagd (La pastora de ocas), también de los Grimm.

Aquí hablé de Solo en Berlín porque fue la que leí, pero su obra es muy extensa, y pronto pienso recetarme El bebedor o Pequeño hombre, ¿y ahora qué?, o El hombre que quería llegar lejos.

Aquí un sitio dedicado a Hans Fallada.

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Escrito por

Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

One thought on “Hans Fallada”

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