Kazimierz Brandys

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Escritores, Polonia

Tras el periodo estalinista, la crítica y el debate intelectual fueron una herramienta indispensable no sólo para la defensa de la cultura, también para la reedificación de un país asolado por la tiranía. Polonia fue durante siglos tierra de enfrentamientos entre fuerzas políticas e históricas. Hubo escritores —la mayoría en el exilio—, que en los años posteriores a la década de los 50 se ocuparon de ajustar cuentas con la historia. Kazimierz Brandys fue de quienes, por el contrario, cuestionaron el valor del individuo dentro de su sistema de convicciones.

           Nacido en la ciudad de Lodz, Brandys (1916-2000) se dio a conocer como impulsor del realismo socialista; su tetralogía Entre guerras le había ganado el reconocimiento de la crítica a fines de los 40. Sin embargo, en la década siguiente, durante la revisión de las atrocidades ejecutadas por Stalin, el autor de Rondó pasó a la clandestinidad como el resto de los desengañados. La novela Madre de reyes (UV, 2008), traducida por Sergio Pitol y vista como un “heraldo del deshielo”, narra la historia de Lucja Król, madre de cuatro hijos que de una u otra manera fueron traicionados por la devoción que profesaban al Partido. La libertad supone un proceso de simplificación humana que exige deshacerse de los misterios; uno de los personajes dice que para alcanzar ese nivel, “el hombre debe ser examinado sin tener en cuenta consideraciones personales, como una función política objetiva de sus acciones”.

El estilo de Brandys está despojado de la presunción de las vanguardias; es agudo en sus reflexiones y nunca pierde de vista el objetivo. Cartas a la señora Z (UV, 2009) es, a la manera de Cioran en Historia y utopía, un ensayo epistolar mediante el cual despliega sus inquietudes más íntimas. Se pregunta qué puede ofrecer el futuro cuando el pasado ha extinguido todas las premisas de la libertad y la idea del progreso, importada de Occidente, está muy lejos de ser sinónimo de bienestar. Entonces, ¿para qué sobrevivir a la catástrofe?

Entre la verdad y la mentira, dice Brandys, o entre la crueldad y la compasión existen numerosos matices. La modernidad proporciona infinitos argumentos para vivir dentro de ese espectro de posibilidades, produciendo millones de semihombres: “semihonrados, semiconscientes, semivoluntarios, semiobligados y hasta semihartos”.

Atento lector de Sartre, Brandys concluye que el hombre depende de la situación en que lo han puesto los otros, “su humanidad se salva sólo si no está en el punto de intersección de las estructuras funcionantes”. En otras palabras: el infierno son los otros. El individuo que experimenta la libertad por primera vez es semejante a un perro que, después de una ausencia de tres días, vuelve a casa medio muerto y con la cola entre las patas, comparando amargamente los sueños que tenía cuando estaba cautivo y las ilusiones perdidas tras reconocer su incapacidad para hacerlos realidad.

            Brandys es un autor sin concesiones. Certero en sus análisis y con la sutileza de un noble caído en desgracia, su escritura está cargada de municiones.

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Escrito por

Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

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