Miljenko Jergović

6 comentarios
Croacia, Yugoslavia

Casi nadie lee a Miljenko Jergović, autor de La casa de nogal, Freelander, entre otras joyas de la literatura contemporánea, a pesar de que Siruela publica muchos de sus libros en español. Jergović nació en el 66 y es un autor prolífico. Lo fascinante de la narrativa de Jergović es esa construcción de épicas que tan poco les entra a muchos lectores actuales, quizá porque los tiempos exigen aforismos, snack culture, y la cita del día de Paz o de cualquier otra vaca sagrada de cualquier otro país.

Pues el caso es que aún hay novelones épicos que vale la pena leer durante semanas y semanas. La casa de nogal es la novela moderna total yugoslava (la clásica podría ser quizás Un puente sobre el Drina, y no sé por qué insisten en decir que es novela histórica, es literatura y punto).

Jergović tiene una prosa ligera, envolvente, irónica, y a la vez melancólica y de una complejidad emocional e histórica que se le mete a uno entre el aburrido cotidiano para ponerse a pensar en los personajes de la novela, tan bien construidos como quebrados. La narrativa de Jergović ilustra una de las verdades más básicas sobre la función de la literatura (aunque eso de función se oye terrible): reconocer que cada vez que muere una persona, un mundo y toda una época muere con ella, que, como Danilo Kiš ya había escrito, cada vida es irrepetible y desigual, pero a la vez, posee cierta simetría en relación con el destino del resto de la humanidad. La casa de nogal es la historia de Regina, una mujer que cuya vida atraviesa el siglo XX, desde la caída del imperio de los Habsburgo hasta la caída de Yugoslavia. La historia de una buena parte del mundo se cuenta a lo largo de la vida de una mujer común y corriente. Pero no hay que confundirse: La casa de nogal no es un panfleto a favor ni en contra de ninguna ideología, sin embargo sostiene una crítica a su tiempo, como creo que hace o debería de hacer cada obra literaria en menor o mayor grado. Esta novela inicia en el capítulo XV, cuando una mujer grita para que alguien la ayude a controlar a su madre, una anciana que padecía demencia senil en el último grado y que, por misericordia, un médico incauto le aplicó eutanasia a pedido de la hija. La anciana loca es Regina, cuya historia conoce el lector hasta el capítulo uno, el día de su nacimiento, en donde el título adquiere sentido y cierra con broche de oro la novela, una de las más entrañables y más inteligentes que leí durante el 2013. Desde el capítulo número XV hasta el I, en una especie de viaje a la semilla, las páginas recorren las cartografías mentales y emocionales de Regina, pero también la geopolítica de Europa y de parte de América. Como en un árbol narrativo, cada capítulo presenta nuevos personajes que se cruzan en la vida de Regina para cumplir un papel y seguir su propio camino, con la particularidad de que el narrador satisface nuestra curiosidad y nos cuenta en mínimas biografías qué fue de todas esas personas. Aquí es cuando llega la sensación de absoluto: una vida no es sólo una vida, sino que es capaz de abarcar dentro de sí muchas otras vidas, y así hasta los seis grados de aquella cadena de personas, los seis grados que hacen falta para que todo el mundo se conozca.  Jergović plantea con humor ácido temas delicados que, por su tratamiento, a cualquier sociedad decente escandalizarían. Su malicia alcanza para todos, tanto para lo efímero de las promesas de la cultura pop y la felicidad desechable que vende Occidente en cajita feliz, como la supuesta tolerancia entre países y culturas balcánicas, que, en el mejor de los casos no es más que un desprecio condescendiente hacia las minorías.

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Me gusta la literatura y escribo. Me llamo Aura.

6 thoughts on “Miljenko Jergović”

  1. Me faltan apenas 40 páginas para terminar “La casa de nogal”. Me falta el final que, como bien dices, es el principio. Inmensa novela a la altura de muchos clásicos del siglo XIX y XX que, supongo, continuará en el cajón del olvido porque está ambientada en Yugoslavia (en lugar de, pongamos, Francia) y porque la pluma que la ha escrito carece de “pelos”: no le duele la tinta al escribir “mierda” ni al narrar la violencia y la sinrazón de unos y otros, sin juzgar y sin tomar partido, ¡qué anacronismo en estos tiempos en los que estamos tan seguros de quiénes son los “buenos” y quiénes los “malos”!
    La miríada de personajes que pululan entre sus páginas están tan vivos, son tan reales, tan humanos, que cuando mueren sientes que te tienes que despedir de ellos y a algunos, incluso, llorarlos.

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    • Ahora que la veo a distancia, considero que La casa de nogal es una de las mejores novelas que he leído no sólo en los últimos años, sino en la vida. Es una construcción de una fuerza brutal, aplastante, con personajes entrañables y escenarios maravillosamente reales. Es una obra honesta e inteligente. No sabes cómo me encanta que alguien más en algún lugar la esté leyendo y le parezca tan grande como a mí. De verdad mil gracias 🙂

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      • Estoy intentando comentar tu entrada sobre Ivo Andric pero me da error todas las veces. Te dejo aquí el texto:

        Tras leer “La casa de nogal”, he vuelto la vista atrás y he escogido de la estantería –de la biblioteca pública- “El puente sobre el Drina”, de Ivo Andric, que reseñas más arriba. Ciertamente es una buena novela, magníficamente escrita, interesante. Pero, comparada con la primera, con la de Jergovic, la encuentro falta de fuerza o, tal vez, de crudeza; da la sensación de que guarda cierto idealismo, cierto maniqueísmo y una sombra de pesimismo. Hay algo decimonónico en la narración de Andric pese a pertenecer al siglo XX.

        Resulta curioso que un objeto, un puente, pueda ser el protagonista de una novela por la que pululan cientos de personajes. Salvo hacia el final, en el que las vidas de los personajes se alargan a lo largo de varias décadas, la única continuidad que encontramos es la del puentede Visegrad –que, por lo que he podido comprobar por fotografías de la ciudad, sigue en pie y constituye su principal atracción-. Quizás sea por esta razón que el final de la novela me parece literariamente injusto; las últimas líneas no están dedicadas al puente sino a uno de los (múltiples) personajes que aparecen en sus páginas, un personaje que, además, bien podría ser una metáfora construida por el autor para esbozar su visión de una Yugoslavia que tristemente perece en sus propias llamas.

        Tengo encima de la mesa la compilación de relatos breves de Andric, de Acantilado, que comentas en la entrada: próxima parada en la estación de los libros que (casi) nadie lee.

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  2. Sí, caray. Concuerdo con lo que dices. Yo leí El puente sobre el Drina hace ya varios años y, francamente, me encantó el componente decimonónico (que antes como que me daba repelús). Pero, en efecto, tras leer La casa de nogal, Ivo Andric se me quedó corto. Es decir, no tanto, porque me fascina Ivo Andric, pero Jergovic escribió una obra monumental, gigantesca, que lamento que no esté entre las preferidas de los lectores por cuestiones geopolíticas y editoriales. Justo ahora estoy leyendo, de Jergovic, Los Karivan, y, Discordante, es absolutamente genial dentro del género del relato. Me encanta que podamos compartir lecturas y opiniones, gracias por pasarte por acá. 😀
    Un abrazo,
    P.

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  3. Hola, el problema es lo comlicado que resulta encontrar sus libros, al menos en mi país, pero al intentar buscar en otros países, con amigos que están por allá, resulta igual de omplejo, El Jardinero de Sarajevo no lo encuentro por nada…que frustración…

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  4. Meritxell dice:

    Conozco al autor por EL jardinero de Sarajevo y Mama Leone. Obras maestras. Gracias por estas aportaciones; voy a buscar los libros que comentáis. Ciertamente, a veces es difícil llegar a hacerse con ellos. Un saludo.

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